La protagonista es una muchacha norteamericana de 19 años, que pierde el rumbo cuando su familia se desarma con la muerte de su abuelo y viaja de Berkeley a Chiloé, mil kilómetros al sur de Santiago de Chile, dispuesta a desentrañar un secreto de familia.
Una especie de viaje iniciático, que no escapa a los ramalazos de violencia y aun a escenas muy sórdidas, según la autora, quien pretende atrapar con Maya y su cuaderno a una masa de lectores jóvenes, que se pasen el libro de mano en mano en una ronda infinita.
El primer párrafo es casi una celada: «Tengo tatuada en la muñeca izquierda el año en que murió mi Popo: 2005. En febrero supimos que estaba enfermo, en agosto lo despedimos, en septiembre cumplí dieciseis y mi familia se deshizo en migajas».


















































